Amate

  • Artista: Eduardo Rincón
  • año: 2000
2001
 
Cuarenta y seis mil rollos de papel era el tributo que los pueblos tlahuicas pagaban anualmente a sus dominadores, los aztecas. De la información que nos brindan los cronistas del virreinato, podríamos calcular la gran abundancia de este árbol, el amate, en el valle de Tepoztlán y en general dentro del estado de Morelos. 

Al recorrer los cerros que circundan Cuernavaca y sus pueblos vecinos, todavía es posible imaginar la proliferación vegetal que reinó en este lugar. En la belleza magnética del paisaje encontramos, hoy en día, escasos y dispersos árboles luminicentes. En las barrancas, suspendidas de las rocas, los amates develan al caminante un mensaje silencioso. Su energía de prodigiosa humildad lo atrapa a uno enseguida y lo dispone a seguir sus huellas por colinas y cuencas. 

 

CATÁLOGO
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