Misticismo y poesía

  • Artista: Laura Hernández
  • año: Laura Hernández - 2009

La obra reciente de Laura Hernández está integrada por 40 piezas de pequeño y gran formato que tienen como tema esencial la luz, en su doble connotación física y simbólica. Cabe señalar que el trabajo de Laura ha estado impregnado siempre de una fuerte carga simbólica, y en este caso, el número 40 significa “regreso al origen” en el lenguaje esotérico, metáfora que se enlaza con otra constante en su creación: el devenir cíclico de la historia de la humanidad.

Esta serie pictórica se originó a partir de la reflexión sobre la relación de la luz como fenómeno físico y la luz del espíritu desde el aspecto filosófico, y el diálogo íntimo que se establece con el tiempo, la materia y el espacio. Así lo expresa la artista: “Mi propuesta está nutrida de la observación del aspecto físico y metafísico del Universo, nuestra interrelación con el Cosmos, y los aspectos esotéricos y exótericos a partir de los cuales nos vinculamos a él. He elegido el tema de la luz como cualidad esencial”. La luz ha sido utilizada como símbolo y metáfora en las filosofías y religiones de todos los tiempos. En el relato bíblico de la creación, la luz antecede todas las demás realidades (Gén., 1,3), noción que reitera San Juan en sus evangelios: la luz es el Verbo de Dios. Paradójicamente, este simbolismo bíblico parece tener cierta correspondencia con recientes descubrimientos científicos, según los estudios acerca de los primeros estadios del cosmos de los físicos ganadores del Premio Nobel, Arno Penzias y Robert Wilson, quienes sostienen que había “electrones, protones, y luz”. En Extremo Oriente, la luz equivale al conocimiento, de ahí el concepto de “iluminación” del budismo. En el mundo precolombino la luz está vinculada al sol, astro divino responsable de perpetuar el ciclo de la vida. Por su parte, Platón llegó a asociar la luz con el auténtico “ser ontológico”. En el pragmatismo de la era moderna, el uso técnico de la luz está presente en todas nuestras actividades, al grado de ser el motor fundamental del funcionamiento de nuestras vidas cotidianas.

Tras sus indagaciones y tribulaciones en torno a la luz, Laura Hernández se aventura a crear piezas en las que el tema rebasa el mero concepto y pasa a formar parte integral de la obra. A partir de un complejo sistema eléctrico a base de microbombillas colocado en la parte posterior del bastidor, Laura ilumina sus pinturas para crear un insólito efecto incandescente que trasmina la superficie del amate dotando a la pintura de un brillo centelleante que cautiva al espectador. Las pinturas parecieran tener un movimiento constante generado por los cambios lumínicos que se dan a lo largo del día y del juego de luces y sombras que coexisten en armonía y complicidad en nuestro entorno natural.

Las obras de gran formato que vemos en esta muestra están realizadas con papel amate y pigmentos naturales, como la grana cochinilla, retomando la técnica ancestral que tenía un carácter ritual. La elaboración de estas piezas requiere de una minuciosidad extrema por la fragilidad de este material de origen natural cuya producción es cada vez más escasa. Imbuida en su espíritu lúdico, Laura recorta cuidadosamente fragmentos del papel, tomando en cuenta y respetando las fabulosas vetas que conforman las fibras, aplica sutilmente los colorantes y algunos destellos de hoja de oro y realiza composiciones complejas y multivariadas en las que el espectador se regocija contemplando la integración de la materia, movimiento y luminosidad.

La creación de Laura Hernández se ha centrado en la representación de la dualidad que pervive en todos los estadios del ser y del Universo. La luz y la obscuridad, como metáforas de la sabiduría y la ignorancia, del Bien y el Mal, del origen y el fin, del edén y el averno, del orden y el caos…Laura da brillo a sus pinturas y éstas se convierten en espejos que reflejan su alma luminosa.

Germaine Gómez Haro

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