Cantes de siembra

  • Artista: Virginia Chévez
  • año: 2013 - Virginia Chévez

Miércoles 20 de febrero - Miércoles 13 de marzo, 2013

Salón Elena Lamm, Salón Tarkovsky y Pasillo Académico

Virginia Chévez hace gala de una pincelada osada e irreverente que consigue el justo equilibrio entre las zonas pastosas y las sutiles transparencias, creando atmósferas preñadas de misticismo, como si se tratase de un velo imaginario entre la mirada del espectador y un horizonte profundo oculto tras las numerosas capas pictóricas. Su pintura es a un tiempo contemplativa y sensual, quieta y provocadora, un detonante de melancolía y goce encadenados como en el renga, género literario del antiguo Japón, del cual deriva la tradición del haikú, cuya poética mística subyace en la esencia de las pinturas que integran esta muestra.

En su trabajo reciente, Chévez se inspira en la obra poética de Matsuo Basho (Ueno, Japón, 1644) titulada Camino a Oku y otros diarios de viaje, y, siguiendo al poeta que elevó el haikú al más alto nivel de sofisticación, busca que el objetivo primordial de su creación no sea la forma externa sino la espiritualidad interna. Y es que su pintura tiene que ver precisamente con esa búsqueda de la espiritualidad que la dota de un sentimiento místico y la aproxima a los linderos de lo sublime. Viene a mi mente la filosofía de Marc Rothko para quien el arte era “la expresión de algún impulso religioso oculto y profundo”, abriendo el camino de la experiencia estética con una mirada ascético-contemplativa, en el sentido de lo que Mircea Eliade denominó “la permanencia de lo sagrado en el arte contemporáneo”. Para Chévez, en el origen de su arte están sus inquietudes existenciales que se nutren de la filosofía y la poesía orientales, en especial del budismo zen. De ahí su afán de plasmar formas de contemplación mística que comuniquen las emociones básicas de la existencia. Ante su pintura quedamos inmersos en un espacio que se expande más y más, mientras intentamos adivinar con la mirada el secreto de sus lienzos y descifrar el lenguaje de sus pinceladas ágiles y desenfadadas. La pintura de Virginia Chévez fluye en la dialéctica de las ambigüedades: con gracia y espontaneidad oscila de la densidad a la vaporosidad, de la ligereza a la gravedad, de la explosión a la contención… Azar y precisión se alternan en su lenguaje pictórico como las notas improvisadas en la poética del jazz. La suya es una pintura melodiosa y con brío.
Al contemplar estos hermosos y sugerentes lienzos recuerdo al filósofo taoísta Zhuangzi, quien escribió: “No escuches con tus oídos, sino con tu Espíritu/ No escuches con tu espíritu sino con tu Aliento/ Sólo el aliento que es vacío puede apropiarse de los objetos exteriores.”

Germaine Gómez Haro
Directora General, Centro de Cultura Casa Lamm

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