Un momento en la tierra

  • Artista: Daniela Castillejos
  • año: 2013 - Daniela Castillejos

Miércoles 20 de febrero - Miércoles 13 de marzo, 2013

Salón Elena Lamm

LOS ÁRBOLES DE DANIELA CASTILLEJOS

Daniela Castillejos es un arbolito de 28 años que se apasionó por los ahuehuetes de Chapultepec de más de 500 años y que son nuestros abuelos. En 1969, murió uno de ellos llamado “El Sargento” frente a la Tribuna Monumental y la Fuente de la Templanza, atrás del Castillo de Chapultepec. Maximiliano y Carlota lo recibieron en el cielo de los árboles. “Uno de nuestros mejores recuerdos, a pesar de la tragedia mexicana, son los árboles de Chapultepec” –le aclararon y Daniela sacó su cámara y los retrató de día y de noche hasta formar un bosque que ahora camina solo en sus fotografías por las calles de México. Octavio Paz les decía “sabinos” a los ahuehuetes y solía pasear por la Calzada de los Poetas.

Los árboles contienen al tiempo; sus anillos, como los de Saturno, nos dicen sus horas, sus días, sus años. Cuando Daniela contraiga matrimonio le darán un anillo de árbol, tallado en la corteza de un ahuehuete de Chapultepec y reconocerá en él a sus antepasados.

A los 6 años, Daniela viajó a Europa. Miraba a su madre tomar fotografías de calles y de pinos y quizá entonces inició su relación con los árboles y su trato con las plantas, esos seres vivos que los mexicanos pobres cuelgan en latas de Mobil Oil en sus ventanas. A los 15 años, su abuela le regaló un viaje a la India y en ese momento tomó fotografías con la cámara Sony Mavica, enorme. Luego usó una Nikon digital. Ahora tiene una Hasselblad de rollo como la tuvo Mariana Yampolsky y se ha convertido en una fotógrafa de los árboles que tienen su melena en las nubes. Ansel Adams es su ídolo y quisiera capturar la luz como lo hicieron Rembrandt y Turner.

De su abuela, Adelita Salazar, defensora de sindicatos libres, encarcelada durante dos años en Santa Marta Acatitla por aliarse al Movimiento Estudiantil de 1968 que terminó con la masacre de Tlatelolco, Daniela heredó la buena madera de los grandes árboles. Su corazón canta dentro de la corteza, surge por encima de la neblina y nos da esta serie de magníficas fotografías que nos recuerdan que la tierra es bella y la vida merece vivirse.

Elena Poniatowska

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